Conseguir el beneficio de la exoneración del pasivo insatisfecho a un cliente, es decir, la condonación o perdón de las deudas que por diversos motivos le han llevado a una situación personal y familiar insostenible es todo un reto y un gran éxito profesional.

Muchas son las vicisitudes y circunstancias que llevan a una persona a encontrarse en una situación de morosidad; situación, por otro lado no deseada y que puede suponer graves trastornos personales y familiares.

A este reto se enfrentó el despacho hace aproximadamente un año y medio cuando nos hicimos cargo de la gestión y tramitación de un expediente de acuerdo extrajudicial de pagos para, en un primer momento, tratar de obtener, a través de la mediación de un experto profesional (mediador concursal), un punto de encuentro con los acreedores, que resultó ser imposible.

La situación personal y patrimonial del cliente, así como las expectativas de cobro que tenían los acreedores hicieron del todo imposible obtener un acuerdo que satisficiera a todas las partes.

Ante esta situación, fue preciso acudir al procedimiento concursal donde, una vez liquidado el patrimonio del cliente, se analizó si las causas que motivaron la declaración de insolvencia de éste podían motivar una declaración de culpabilidad. Revisado el comportamiento y los antecedentes del cliente se pudo verificar que el origen de la situación de morosidad del cliente no se explicaba a través de una conducta dolosa que perseguía, entre otras cuestiones, perjudicar los intereses de sus acreedores. Todo lo contrario, como consecuencia de la grave crisis económica que atravesó el país, de la que actualmente no podemos decir que nos hayamos recuperado, su empresa se vio afectada por la disminución considerable de trabajos, así como por el impacto negativo de los impagos que sus propios clientes le ocasionaron. Como consecuencia de ello no pudo hacer frente a la financiación que obtuvo su propia empresa y que él mismo avaló con su propio patrimonio.

Antes de finalizar el expediente judicial, el Juzgado dio traslado a las partes para que formularan alegaciones a la solicitud de conclusión del concurso, momento en el cual procedimos a solicitar que se concediera a nuestro representado el beneficio de la exoneración del pasivo insatisfecho.

Para ello fue necesario reiterar el cumplimiento de las obligaciones exigidas en virtud del art. 178.Bis de la Ley Concursal, así como proponer un escenario alternativo al hecho de no haberse podido satisfacer íntegramente el préstamo hipotecario, y ante la imposibilidad de poderlo hacer en un plazo de cinco años, como prevé la Ley.

Lo cierto es que el plan de pagos propuesto no fue rechazado por el resto de los acreedores y nuestro cliente pudo obtener el beneficio de la exoneración del pasivo insatisfecho, consiguiendo con ello una segunda oportunidad, en tanto, salvo que venga a mejor vida, no tendrá que hacer frente a una importe suma de dinero que hasta hace un tiempo adeudaba a sus acreedores al haber resultado fallido su proyecto empresarial.